10/4/16

0 ¿Quieres hacer prácticas? Págate un curso

A Juan (nombre ficticio) le "invitan" a apuntarse, y pagarse, a un curso, con contenidos de dudosa calidad, para poder firmar un convenio de prácticas. Sin vacaciones y con un tercio del sueldo de un trabajador pero haciendo el mismo trabajo. Este es su testimonio.

¿Quieres hacer prácticas? Págate un curso


Hace varios meses me llamaron para una entrevista. El sitio, una consultoría de recursos humanos, perteneciente a PageGroup. El puesto era de becario, por lo que imaginé que me ofrecerían un lamentable convenio de prácticas, es decir, treinta o cuarenta horas de trabajo semanal remuneradas simbólicamente con los típicos “90€ para el transporte”, o directamente no retribuidas.  Ya se me había acabado el plazo para firmar convenio de prácticas por lo que mi idea era acudir a la entrevista, esperar a que me preguntasen si contaba con un centro de estudios para firmar el convenio y contestar que no era posible. Llegado el momento, el chico que me entrevistaba me dijo que no tenía por qué haber ningún problema: “nosotros podemos arreglar eso”. Salí de allí extrañado, sin saber a qué se refería aquel muchacho encorbatado: si a que estaban de acuerdo en hacer el contrato en prácticas o si a que tenían un plan C, un as de corazones con el que surfear la legislación.

En poco tiempo empecé a entender. Me llamaron de otra empresa: les gustaba mi perfil. Me ofrecieron un puesto de becario cobrando un tercio del sueldo de un trabajador normal pero trabajando las mismas horas y sin derecho a vacaciones, porque los convenios de prácticas no contemplan ese punto. Cuando les volví a contar que no podría firmar ningún convenio de prácticas, me hablaron por primera vez de la Escuela de Empresa, “una de las 10 Escuelas de Negocios referentes a la Formación “on line” y “a distancia” en España”.  El hombre que me entrevistaba me dijo que solo tenía que apuntarme a un curso de Escuela de empresa que  costase al menos 295€. Quise verlo como una inversión: “me dejo 300 euros pero luego podré cobrar 500 euros cada mes”. Firmé.

Cuando pude tener acceso a la plataforma del curso, me sorprendió la escasez de contenidos. Dejé pasar un tiempo, para que los materiales se actualizasen y pudiera formarme al menos un poco. Pero todo siguió igual: lo único que ofrecía la plataforma virtual eran varios archivos en PDF, el más voluminoso de 230 páginas. Hice el cálculo: Si por 300 euros tengo acceso a 230 páginas, cada una de ellas me sale por 1,30€. Entré en la web y leí: “Una de las finalidades de Escuela de Empresa es la inserción laboral de sus alumnos.” A destacar sobre todo la velocidad de la inserción: un día te matriculas y a la semana siguiente ya tienes trabajo. Un icono en la parte baja de la página web indica: “Más de mil convenios firmados”. Parece una gran labor social. Acudo finalmente al listado de empresas colaboradoras. Están todas, absolutamente todas, y uno siente que está ante un negocio bien estructurado.

Veo que está incluso el Ministerio de Ciencia e Innovación, y no deja de parecerme curiosa la idea de que exista un contrato de trabajo normal, con el clásico escudo de España en la parte superior izquierda, y que, luego, para los becarios, ese contrato desaparezca y lo que tengamos que firmar sea un inquietante documento, donde en lugar del escudo del país aparece el logo de Escuela de empresa. Un documento en el que solo figuran los datos personales, fechas, jornada y retribución. Ni la menor alusión a derecho o convenio alguno. La paradoja, chistosa y ruin, de estar cotizando para la pensión pero no para la prestación por desempleo. La realidad, nada cordial, de trabajar como un trabajador más y cobrando una tercera parte de lo que cobra mi compañero, el que sí ha firmado el contrato de trabajo con el escudo de España en la parte superior izquierda. Escuela de empresa, ya ves tú. 
 

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